Sólo para hombres

¿¿ Catástrofe o victoria ?

Desde siempre, el hombre ha padecido un complejo de inferioridad erótica. Cuántas historias, en la literatura de todas las épocas, versan sobre la búsqueda desesperada de un elixir capaz de avivar el placer y resucitar vigores olvidados.
El homo sapiens moderno continúa la tradición. Busca la fuente de juventud, la panacea que haga levantarse a los caídos. El león de la Wall Street duda de su virilidad. Entre bastidores, en la intimidad de la habitación, aun antes de cerrar la puerta está preocupado por si va a poder cumplir. Juega a la ruleta rusa con su psiquismo. Subyace el temor de quedarse a media hasta, de encajar una catástrofe en vez de anotarse una victoria.
Tal seguridad quizá provenga de las muchas (hazañas ) que oye contar a los amigos. Le acomplejan esas hazañas legendarias. Y ese complejo es lo que no le deja dormir. Si ellos son Supermanes, entonces él es Pulgarcito. ¡ Y un Pulgarcito tiene buenos motivos para estar preocupado!.

Nuestro hombre es desgraciado, pero sólo porque no sabe que existen afrodisíacos para ayudarle a mantener alto el pendón. ¡ El remedio existe! lo juro solemnemente sobre el Kama Sutra y el Jardín Perfumado: los afrodisíacos son la solución.

Me parece estar oyendo a los escépticos:
-¡ Sí, afrodisíacos! ¡Bah !
Escucha lo que pueden hacer contigo, si ya estás harto de tomar testosterona.
Abundantes en muchas plantas y alimentos, los afrodisíacos reciben su nombre de la seductora diosa griega del amor, Afrodita. Era una hembra de tronío y conocía bien los ritos fálicos de amor y mezclar pociones con las que encendía deseos delirantes. En aquellos tiempos, las hechiceras salían a recoger los ingredientes más poderosos en noches de luna llena, cuando su inflamabilidad era máxima. A juzgar por los relatos de antiguas orgías que han llegado hasta nosotros, aquellos efluvios debieron hacer erguirse mas de una antena.
Cuando Afrodita sumergía los pies descalzos en agua caliente, se obtenía un té muy estimulante para la procreación. Sus amantes bebían jugo de granada para infundirse vigor. Con el mismo fin masticaban avellanas y almendras.
El ajo, sobre todo, ha sido en todos los tiempos el afrodisíaco de elección para aumentar la eficacia y hacer subir la temperatura de la fiebre amorosa, como ya cantaba el Enano de la comedia de Ben Jonson Volpone.

Poned a prueba esta teoría vosotros mismos. ¿Qué ideas evocan en vuestras mentes los siguientes olores: almizcle, jazmín, jengibre, anís, incienso, canela, ámbar, ron ? Y ya que hemos hablado de ron, recordemos que también el alcohol puede ser un poderoso afrodisíaco. Una copa antes de comer puede estimular algo más que el apetito. El alcohol relaja el cuerpo, difunde un calorcillo en los miembros y aparta inhibiciones. Desde hace mucho tiempo, el alcohol se utiliza como antiséptico para las heridas, tanto las físicas como las mentales. Quizá sea el mayor tranquilizante natural en la historia de nuestra civilización. Y sabiendo eso, ¿ continuaréis ingiriendo pastillas? ¡Qué vergüenza !!.

El pescado es otro de los grandes afrodisíacos, como se sabe desde hace mucho tiempo. Más de un himeneo dichoso fue promovido por el pescado, y más de un matrimonio se rompió por culpa de tan rasposo alimento.
Muchos pleitos de divorcios se simplificarían si se dijeran las verdades. ¡ La inhumanidad del hombre para con el hombre!.
-Fue por culpa del pescado, señoría. Eso me dio la puntilla.
¿Qué puede uno hacer, si la mujer de uno nunca le sirve pescado?
-¡Ejem ! ¿Nunca, ha dicho el acusado ? Divorcio concedido en razón del trato inhumano por parte de la esposa. Estrangulamiento de libido por privación de pescado, con agravantes de premeditación y alevosía.
Los antiguos egipcios sabían mucho de eso. Tan convencidos estaban de los efectos carnales del pescado en cuanto al deseo sexual, que prohibieron ese alimento a los sacerdotes. Ni un bocado les permitían tomar, no fuese que al saborearlo se despidieran de los dioses de una vez por todas.

Conque ya lo sabéis: ¡hay mucho que hablar del pescado !
La cocina china, en general, tiene virtudes afrodisíacas, debido a la selección de las especias, verduras y pescados que los chinos usan en ella. Por ejemplo, están convencidos de que el jengibre tiene un efecto excitante sobre los genitales. Y si vosotros no lo creéis, releed las novelas de Pearl S Buck, y ya me contaréis cómo se las arreglaban con tantas concubinas, y de dónde salía tanta energía sexual como se cuenta en esas narraciones.
(Para un tentempié de urgencia ). ATENCION: no os atiborréis demasiado: eso os daría sueño y contrarrestaría la acción de los afrodisíacos.
Los chinos también utilizaban como afrodisíaco el opio, pero será mejor que no lo probéis. Es un método que encierra demasiados peligros. Con una pequeña cantidad, bien funciona una pipa, pero un exceso de opio produce no sólo impotencia, sino incluso atrofia. Conque ¡mucho ojo !.

El rey Luis XIV de Francia tomaba regularmente alcohol con azúcar para inflamar su pasión; decía que era mejor combustible para esa clase de fuego. ¿Cuántas copas necesitaréis vosotros para portaros como él ?.

En el Satiricón, Encolpio se ve súbitamente herido de impotencia en medio de una escena de seducción. Tal accidente le hunde en la vergüenza, y se aborrece a sí mismo por su falta de virilidad. Oigamos cómo se desahoga contra el causante de sus infortunios:


Tres veces empuñé la terrible hacha
y a las tres, poniéndose la méntula más floja
que el tallo de una berza, tuvo miedo de la cuchilla
que mi mano trémula no acertaba a dirigir.
Me era imposible realizar lo que pretendía:
el pellejito, encogido de miedo y más frío que el hielo,
había buscado refugio en mis entrañas
y se ocultaba allí formando mil repliegues.
No conseguí encontrarle la cabeza
para ofrecérsela al verdugo, de suerte que,
decepcionado por el terror mortal del maldito pelete,
recurrí a las invectivas,
en la seguridad de que lo podrían zaherir más.


    Es evidente que, si hubiese tomado antes su dosis de satirión, se habría evitado la catástrofe. Por desgracía el satirión, que se supone debió ser una planta de la familia de las orquideas, ha desaparecido, y sólo nos queda la evocación de sus legendarios poderes. ¡Ah, qué gran desgracia ! ¡ Cuán merecedor del premio Nobel sería el sabio que lograse descubrir un descendiente del satirión! ¡Todo el género humano le aclamaría como a un gran héroe !
    También del chocolate se dice que incrementa el deseo. Durante el siglo XVII, en cierto monasterio se prohibió a los monjes su consumo, por atribuírsele fantásticos poderes de excitación. Incluso la vainilla estuvo prohibida. Los indios peruanos emplearon con éxito el chocolate, lo mismo que madame Pompadour, famosa también por su sopa de apio sazonada con trufas. Era el entrante obligado de los convites para sus íntimos, a fin de tenerlos con buen temple después de los postres. Conocía mil trucos para conseguir que sus amantes tuvieran siempre el ánimo juguetón. Después de maravillarlos con sus platos, hacía maravillas con sus libidos.

En las pinturas de la Última Cena siempre se ven naranjas adorando la mesa. Así, en la Última Cena de Tiziano, que está en El Escorial, aparece una mesa con naranjas y pescado. En otra de Ghirlandaio los discípulos son representados sobre un fondo de naranjos. En cuanto a la Última Cena de Leonardo, se halla tan deteriodada que no hay modo de saber si pintó naranjas o no. Lo cierto es que el pan y el pescado debieron ser los ingredientes principales de la última cena de Jesús con sus discípulos.

Incluso la salsa de soja, de la que gustan lo mismo los occidentales que los orientales, ha tenido fama de afrodisíaco. Introducida en el Japón hacia el siglo V, funcionó tan bien que pasó a formar parte del salario con que se remuneraba a los funcionarios civiles y militares de la Corte Imperial japonesa. Compuesta de trigo o cebada, a lo cual se añaden las habas de soja (recordad lo dicho anteriormente sobre las habichuelas ), más sal y agua. La mezcla se almacena, y uno se olvida de ella durante dieciocho meses, que es su tiempo de fermentación y maduración. Luego se prensa, y el jugo resultante, una vez pasteurizado, es la salsa de soja que se expende en los comercios. ¡Y vosotros creíais que la malta de cebada sólo servía para fabricar cerveza !.

La seducción empieza en la cocina. Esto es un hecho. Y si no queréis creerme, probad algunas de las recetas contenidas en este blog. Plutarco, el filósofo griego, era buen comedor y meditó mucho sobre estas cuestiones, hasta llegar a la conclusión siguiente: " Lo mismo es que un hombre tome afrodisíacos para aguijonear y excitar su lascivia y poder así darse al placer, que el buscar aromas y salsas que exciten el apetito, al modo de un picor que obliga a un contínuo rascarse y hacerse cosquillas...".

¡BUEN APETITO !

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