Ayudas esenciales para la seducción

La escenografía doméstica debe estudiarse con serenidad, a fin de sacar el máximo partido de vuestra capacidad culinaria, es decir en los dominios de la cocina. ¡No olvidéis que os habéis tomado toda esa molestia con el fin de dar juego al aparato sexual! No vaya a fracasar todo por situar el escenario de la seducción en una cochinera. La floja excusa de que no ha venido la chacha no sirve en nuestra civilización actual, donde las chicas para todo han pasado a ser una especie tan desaparecida como el pájaro dodó Por bien que hayáis planteado embrujar a vuestra «víctima» a,través del estómago, no funcionará si no es en un decorado perfectamente aseado. Si estáis acostumbrados a vivir en condiciones bohemias, será mejor que salgáis de excursión, en cuyo caso os remito al capítulo dedicado al desnudismo en plena naturaleza; en algunos casos, el es-fuerzo por crear un ambiente civilizado puede verse recompensado por un calor emocional capaz de «crear hábito».
Pues bien ; la casa ya está limpia y reluciente y todo preparado de antemano; los utensilios de cocina lavados a medida que iban que-dando a punto los manjares, y los mármoles ya limpios. Todo lo que tenéis que hacer antes de poneros a servir es llenar el fregadero de agua caliente con un chorro de detergente líquido, en donde iréis poniendo los platos a medida que los vayáis retirando de la mesa. De este modo, todo lo que tendréis que hacer después será aclarar los platos. Por supuesto, usaréis guantes de goma siempre que de-báis tocar el agua. Esto vale tanto para hombres como para mujeres v evita que se pringuen las manos.

El cuarto de baño debe presentar un aspecto de tranquilidad y no parecer una orgía después de la orgía. Se tendrá preparada una pastilla nueva de jabón de tocador, con perfume masculino para él femenino para ella. Ídem por lo que se refiere a los frascos de colonias y perfumes. Éstos deben escogerse con atención, pues también han de tener propiedades eróticamente excitantes para ambos. Preparad toallas de baño, y si sois de carácter inseguro y necesitáis el acicate de los celos, dejad colgado en lugar bien visible el albornoz de una o de un amante anterior. Todos los armarios del cuarto de baño deben someterse a revista por lo que pueden revelar a los ojos del mundo acerca de vosotros, de las marcas que usáis y, en el caso del botiquín, de las medicinas que tomáis. ¿O es que vosotros no habéis curioseado nunca en los hotiquines de las casas ajenas, movidos por morbosa curiosidad? Pensad que al vuestro puede pa-sarle lo mismo.
Una copa antes de comer puede ayudar a relajar el amhiente y a desmontar inhibiciones. No mostréis un exceso de apasionamiento precipitado; recordad que Orchis fue descuartizado por haber violado a una sacerdotisa de Baco.
Que no falten jarrones llenos de flores hermosas, cuyo aroma flotará en las habitaciones. Procurad que estén en lo más perfecto de su floración, lo mismo si proceden de vuestro jardín que si las compráis en la floristería, y escoged lo más exótico. Las gardenias, el muguet o lirio de los valles, las lilas y las rosas difunden una sensualidad específica.
Casanova y el marqués de Sade cenaban desnudos con sus amistades y sus amantes, para mayor estímulo de todos los sentidos y refinamiento del banquete. Si sois demasiado tímidos para hacer esto, procurad usar, al menos, ropa especialmente atractiva, o reservad la decisión hasta el momento fatal, mientras deliberáis entre copas y besos.
En sus Amores, el poeta romano Ovidio recomienda las virtudes afrodisíacas del beso. Probarlo es adoptarlo. El poeta dice: «Vi sus besos frenéticos, en que las lenguas se buscaban la una a la otra». Quizá después de los besos propondréis cenar a la manera de Casanova, en tono tímido o decidido, según la calidad de los aludidos besos.

Tened vuestra cocina decorada con una bonita fuente llena de fruta natural, además de un especiero bien completo y un estante especial para las botellas de vino. No dejéis de coleccionar cubiertos artísticos. La mesa debe ponerse con un mantel elegante y cubiertos bien diseñados aunque sólo sean de acero inoxidable. La vajilla no ha de presentarse desportillada ni rota, y debe presentar cierta unidad de estilo. Aunque la elegancia es fundamental, el buen gusto no puede comprarse con dinero. Si sois irremediablemente provincia-nos y de gustos primitivos, no estaría de más cultivar la amistad de alguien más refinado y dejaros aconsejar por él.
Para un poco de ambientación adicional, he aquí algunas ideas de probada eficacia.

VELAS CON VUESTRO PERFUME

Cenar a la luz de las velas puede ser muy sugestivo, pero si éstas tienen vuestro perfume personal, son irresistibles. Mientras servís la mesa y os ausentáis en dirección a la cocina, las velas inflamarán a vuestro enamorado con el ardor de vuestro perfume.
Comprad cuatro velas grandes y otra pequeña del mismo tipo. Ésta la fundiréis, para añadir a la cera líquida dos cucharadas de vuestro perfume habitual; con esto empaparéis las cuatro velas grandes hasta dejarlas bien recubiertas. Luego las pondréis en el congelador para que se endurezcan, sobre una hoja de aluminio. Al encenderlas, vuestro perfume inundará la habitación.
También pueden hacerse lámparas fundiendo todas las velas por completo y vertiendo la cera fundida en un vaso que sea bonito, no olvidando colocar una de las mechas en el centro. Mi marido, cuando éramos novios, aseguraba que mi perfume le acompañaba hasta regresar a su casa, y era que el aroma se le quedaba prendido al olfato.

VIOLETAS CRISTALIZADAS

Para hacer este clásico embrujo, comprad unas bonitas violetas en la floristería o cortadlas de vuestro jardín. Formad ramitos de seis y sumergidlos en almíbar cuando éste se halle medio frío. Esparcid las violetas sobre un trozo de papel parafinado para secarlas al horno. Hecho esto se montan en forma de ramo, envolviendo con cuidado los tallos en papel perfumado con esencia de violetas, y se espolvorea cada ramo ligeramente con azúcar en polvo.

De niña, mi casa estaha siempre decorada con flores frescas porque a mis padres les gustaba el ambiente que crean. Más tarde mis pretendientes me enviaban flores, y ahora mi marido hace lo mismo. Creo que se decidió la noche que el ramo enviado por otro pretendiente llegó al mismo tiempo que el suyo.

ACEITE DE LIMÓN CON CANELA

Si tenéis muebles de madera en vuestra cocina, pocos días antes del «tête-à-tête» introducid varias barras de canela en una botella con aceite de limón. Después de hacer los guisos, frotad los muebles con el aceite, y el olor a canela lo impregnaré todo como un néctar, trayendo recuerdos de la cocina de la abuela, cuando érais niños.

PERFUME DESNUDO

En antiguas culturas desaparecidas hace mucho tiempo, las cortesanas célebres guardaban celosamente sus fórmulas para perfumes. En nuestros tiempos de civilización comercial, lo más sugestivo es fabricárselos uno mismo. Dicen las leyendas de mi familia que, hace varias generaciones, un pariente libertino solía encargar a su cocinero esta preparación, para embotellarla luego y regalársela a sus ninfas favoritas. Lo llamaba «perfume desnudo», pues así era como prefería que lo usaran.

1/2 litro de agua de rosas
2,6 gramos de mirto
2,6 gramos de incienso en polvo
0,5 gramos de alcanfor
0,5 gramos de almizcle en polvo
2,6 gramos de esencia dulce de flores

Buscad un recipiente que se pueda cerrar herméticamente, y pasad los ingredientes al mismo, para que maduren de modo parecido a un buen licor. Poned el recipiente al sol durante 48 horas, luego filtrad su contenido y añadid 75 gramos de alcohol puro y 3 gotas de esencia de rosas de Bagdad. Vertedlo en una jarra antigua que vaya asociada a la historia de un escándalo familiar, para caldear al mismo tiempo vuestros sentidos y vuestra imaginación. Quemad una cucharadita de esta esencia sobre brasas puestas en incensarios distribuidos por la habitación.

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