Agua de fuego

La «cocktail-party» no es un invento reciente de nuestra sociedad castigada por las resacas; sus orígenes datan de la antigua Grecia. Vuestros antepasados atenienses solían reunirse a la hora del aperitivo llevando sus pellejos de cabra llenos de aguardientes de buena cosecha. Se daba por sentado que el anfitrión suministraría las tapas, o «estimulantes para beher» como se llamaban entonces. Algunas de estas fiestas les salían de lo más desmadrado, aunque ni más ni menos que las de ahora. Los instintos inferiores¿ del hombre no han cambiado.
Tampoco hemos puesto la primera piedra del alcoholismo. Alejandro Magno fue uno de los primeros alcohólicos famosos, motivo por el cual resultó un fracaso como amante. Aristóteles lo expresó en estos sucintos términos: «La afición de Alejandro a la bebida le dejaba poca inclinación a los placeres amatorio».
Aunque dominó Grecia, no consiguió dominar en la alcoba. Sin duda, estos fracasos amatorios debieron dejarle más de una vez en situación desairada. Al fin se casó con una bailarina llamada roxana, que le dio un hijo. Aunque Roxana logró inspirarle, el no le inspiró a ella, por lo que ésta empezó a planear cómo librarse de él.
Organizó un seductor banquete privado junto a la piscina, en sus jardines particulares. A cada plato se servían excelentes vinos, que ella le incitaba a degustar. Así atiborró de vino y comida aquella boca glotona, hasta que tragó más de lo que su estómago podía soportar, por lo que se dejó caer sobre su triclinio, jadeando y sudando. Fingiendo compadecerse de su malestar, le convenció de que se metiese en la piscina para «refrescarse», eso era que sus sentimientos hacia él se habían refrescado ya del todo. Él se sumergió en el agua helada y contrajo una pulmonía, tal como ella había previsto. Murió a los pocos días, a la edad de treinta y tres años. En cuanto a Roxana, la Historia no nos dice nada, pero me figuro que no dejaría de encontrar lo que necesitaba. Lo cual me recuerda el viejo dicho anónimo:

El destino es quien nos hace hermanos,

y que nadie recorra solo su camino:

lo que traigas a las vidas de los demás

te será devuelto para la tuya.

In vino veritas... He aquí algunas pociones que, tomadas con moderación, pueden dar alas al deseo; en exceso, pueden abitarlo.

Néctar de naranja, cordial de los dioses

1 naranja grande (navel)
1/8 de cucharadita de azafrán
2 tazas de agua
1 1/2 tazas de vodka
3 tazas de azúcar

Pelar la naranja con cuidado, dejando la parte blanca. Ponerla en una jarra grande, y anadir el vozca vodka y el azafrán. Agitar bien, y guardar la jarra en un lugar fresco y al abrigo de la luz, durante tres días. Tomaremos luego una cazuela para disolver el azúcar en agua: haremos hervir la solución y la reduciremos durante tres minutos. Dejarla enfriar, añadirle la mezcla alcohólica y filtrarlo todo a través de una estopilla. pasándolo a una jarra limpia, donde lo dejaremos que repose durante un mes. Hecho esto lo pasaremos a una hotella que sea decorativa, para servirlo.
Cuando Luis XIV estaba en las últimas, Madame de Maintenon acudió en su ayuda y curó su impotencia con un licor hecho de alcohol, azúcar, agua de azahar y perfume.

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