Quien diga que las ensaladas son comida para conejos (como creen todavía algunos espíritus descarriados), es que aún no ha probado las mías. O tal vez sea que no saben cómo se aliña una ensalada, o no tienen molinillo para la pimienta. Tal vez nadie les enseñó cómo seleccionar las verduras cuando están frescas, crujientes, jugosas, ni cómo enfriarlas para constituir un plato deli-ciosamente refrescante y apetitoso. Las verduras para ensalada deben lavarse y secarse con cuidado). Lavarse, para quitarles los peligrosos insecticidas; secarse, para evitar que se diluya el baño fragante y sabroso del aliño, lo cual arruinaría la ensalada. También los utensilios con que se sirve la ensalada tienen mucho que ver con la alegría sensual que aquélla proporciona. No se usarán jamás ensaladeras de plástico, que no tienen categoría y además ofenden al sentido estético. Unos boles de madera, para ensaladera y para servirse cada uno, constituyen la mejor inversión que se pueda hacer. ¡Al fin y al cabo, si cocinamos con afrodisíacos es para alimentar la libido, y no se sabe que el plástico haya alimentado nunca la libido a nadie!
Mi propio seductor, esposo y sibarita jefe asegura que una buena ensalada despierta su patriotismo fálico, y os juro por mi ensaladera de palo que tiene una patente para hacer el amor.

Ensalada césar adornada

Muchos de los que se consideran gastrónomos reaccionan con trialdad a la mención de la lechuga al «iceberg». Ahora bien, la lechuga helada puede ser deliciosa si, en vez de separar las hojas, cortamos la cuheza de lechuga en dos mitades, y éstas en cuartos, y así sucesivamente hasta obtener hocados de buen tamaño. Esta ensalada o¿ enloquecerá con su sensualidad.

1 lechuga grande y bien apretada, cortada en la forma descrita
1/2 lata de filetes de anchoa
l cabeza de ajo entera, o unos 12 a 13 dientes de ajo
Sal y pimienta recién molida
4 huevos duros
3/4 de taza de aceitunas
Aceite virgen de oliva
Vinagre blanco

Picar los huevos, el ajo. las aceitunas y las anchoas, y espolvorear sohre lo» trozos de lechuga en un hol. Añadir sal y pimienta. Mezclar el aceite y el vinagre, más aceite que vinagre, y aliñar la ensalada. Recuérdese que la picada y el aliño no deben añadirse hasta el momento de servir la ensalada, y que la lechuga debe estar enfriada al punto. ;Esta ensalada acrecentará vuestros deseos y saldrá a la luz el siharita que vive escondido en cada uno de vo-sotros!

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