El comprador de nuestros días se ha acostumbrado tanto a las indignidades que se perpetran con su comida, que ha dimitido por completo de su sentido crítico ante los especímenes marchitos, arrugados y descoloridos que arroja en el carrito del supermercado creyendo que son verduras. ¿Que la lechuga está quemada? No importa; lo mismo la compramos, dispuestos a sepultarla bajo raudales de aliño. Nadie notará la diferencia, parece ser el lema general. Pero ningún animal rumiante haría caso de los vegetales que nosotros echamos en la olla.
Tamhién los restaurantes son culpables. Muchos establecimientos de comidas, aunque no sean precisarnente unos templos de la gastronomía, consiguen presentar comidas sabrosas, siempre que se haga abstracción de las verduras, cocidas de cualquier manera, al vapor, hasta convertirlas en una estopa pegajosa, musgosa y repelente.
¡Toda una generación de niños ha crecido creyendo que las zanahorias se crían en bolsas de celofán! Los juerguistas adultos que aborrecen las verduras y ya no pueden holgar como solían, echan la culpa a la traidora máquina del organismo. Ignoran que todo un abecedario de afrodisíacos está oculto en las verduras que ellos se dejan en el plato, y que los vegetales pueden fertilizar la libido.

No hay nada tan delicioso como unas verduras cocidas al punto crujiente, jóvenes y trescas, más hien poco hechas en vez de pasa-das. Siempre que podáis, comprad las verduras de temporada, que es cuando están en lo mejor de sus cualidades, y cuidad de escoger siempre las más lustrosas y lozanas.
Lo que necesita este país es un pregonero que denuncie en voz alta la venta de vegetales encanijados en nuestros mercados, a precios de oro, para consumo de gente adinerada pero de poco seso. Si todos pasáramos de largo frente a las basuras viejas envueltas en celofán y con varias temporadas de cámara a cuestas, para dirigirnos en línea recta hacia las tiendas que tienen verduras frescas y jugosas, no estropeadas por embalajes ni por insecticidas, jamás volveríamos a escuchar aquello de «¡No me apetecen las verduras!» ¡La venganza de la verdura habría triunfado!

Consejos para guisar las verduras

Que el agua hierva siempre alegremente antes de echar las ver-duras a la olla. Dar por terminada la cocción cuando aún estén crujientes, para lo cual las probaremos a menudo. ¡Un minuto de más sobre el fuego las reduce a un musgo incomible y marchitará vuestro apetito!
Cuando estén en su punto, se pueden echar cubitos de hielo en la olla para frenar la cocción y fijar el color. Mi propio sistema favorito para conservar la virilidad de mis vegetales es cocerlos puestos en una escurridera. Esta se mete dentro de una olla grade con agua hirviendo, y cuando las verduras están a punto, sencillamente, saco la escurridera. De este modo quedan lustrosas y apetitosas y con un sahor siempre exquisito.

Alcachofas a la genital

Las alcachofas tienen un prestigio casi clásico entre los amantes famosos del mundo Entre mis propios amigos, gente predispuesta contra los,afrodisíacos y que me sirvieron para someter a verificación algunas de las recetas de este sitio, un estremecimiento de placer es la invariable respuesta al recuerdo de cómo la alcachofas produjeron en ellos escozores irresistibles.

¡Cincuenta millones de franceses no pueden estar equivocados! En el Varís de otros tiempos, las vendedoras callejeras solían gritar este pregón:

¡Alcachofas! ¡Alcachofas!

¡Calienta el cuerpo y el alma !

¡Calienta el genital!

4 alcachofas
2 limones
3 cucharadas de vinagre al estragón
1/2 cucharadita de mostaza en polvo
5 cucharadas de aceite de oliva
1 diente de ajo finamente picado
Sal y pimienta
2 yemas de huevo
1 cucharadita de aceitunas verdes,finamente picadas

Quitarles a las alcachofas las hojas exteriores duras, y frotarlas con limón para que conserven el color. Cortar las puntas y abrir las hojas interiores. Seguidamente, colocarlas al revés en agua salada hirviendo, a la que se habrá añadido el jugo de un limón. Taparlas, y que hiervan a fuego lento durante unos 20 minutos. Cuando las hojas se separen con facilidad ello indica que están a punto las alcachofas. Fscurrirlas bien. Preparar una salsa mezclando la sal, la pimienta, la mostaza, el jugo de un limón, el ajo, el vinagre, las aceitunas, las yemas batidas de huevo y el aceite de oliva en un tarro con tapón roscado. Un poco de la salsa se vierte sobre las alcachofas, y el resto se pasa a pequeños boles individuales para mojar una vez servidas.

Después de la cena, contestad a la pregunta siguiente: Teneis escozores ahora?

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