Liberaos de vuestras ropas en alguna playa desierta, es decir no frecuentada por los mirones, o en medio de algún bosque de suelo alfombrado con agujas de pino, a orillas de un lago solitario. Si vuestro o vuestra acompañante protesta, explicadle que sólo se trata de comprobar las teorías de Freud, en cuanto a que los instintos primarios de la raza humana son el hambre y el amor.
Ignorad los iniciales meneos de cabeza desaprobatorios mientras instaláis el reclamo de vuestro cuerpo y el de la cesta de provisiones. Recordad que la primera regla para un «picnic a pelo» es que un estómago lleno de afrodisíacos agilizará la libido más anquilosada, o por lo menos la llevará a aquel estado de calor y de escozor que no se puede aguantar.
Después de haber dejado de lado vuestras ropas, exponed vuestros bocados sobre un bonito mantel, recordando que un decorado bien elegido mejora cualquier producción. Una merienda al natural seducirá incluso al puritano más estricto ¡ Es difícil seguir estricto cuando uno se ha dejado convencer para quitarse la ropa!
Llevad almohadas hinchables de plástico para el confort de vuestro trasero, puesto que vais y bañaros desnudos. Llevad el vino en neveras portátiles, y unos platos bonitos (de papel, naturalmente, para tirarlos después), así como vasos de plástico transparente que también sean un poco decorativos. No olvidéis el quitasol de playa, de los que se clavan en el suelo, ni un par de albornoces, al objeto de poder cubriros con rapidez en caso de que aparezca un mirón a pesar de todo.
Si vuestro o vuestra acompañante es puritano, que no falten champiñones, condimentos picantes o cacahuetes. Los romanos estaban tan convencidos del poder afrodisíaco de estos ingredientes, que los hacían figurar siempre en la minuta de los banquetes de boda, para incitar a los contrayentes. Falta les hacía, porque la plaga del puritanismo también les infectaba a ellos. Hasta que la diosa Venus descendió entre ellos y los vacunó con sexualidad y afrodisíacos; tal vez fue entonces cuando se pusieron de moda por primera vez los des-nudos integrales en los baños.
Ensayad un poco el libertinaje por vuestra cuenta. Atacad con sensualidad y lujuria; seducid por medio de los manjares y de la voluptuosidad: en el amor no hay sitio para la vergüenza.

"Picnic" de la concubina

Andaba yo por la pubertad cuando empecé a leer las novelas de Pearl S. Buck sobre China. Pronto aprendí lo que era una «concuhina», mientras mis amigas y yo explorábamos el diccionario en busca de emocionantes descuhrimientos culturale». La concubina más famosa, que llenó las crónicas del siglo XVI, se llamaba Loto Dorado. Era una joven muy erótica que practicaba todos los siste-mas de excitación sexual imaginables. Si uséis estas recetas, luego podréis jugar a ser Loto Dorado y uno de sus favoritos (aunque esto aún no lo había aprendido yo en la época de la pubertad).

Ensalada loto dorado

Salmón ahumado ( cortado en lonchas finas)

Tiras de pimiento verde

Tomates cortados en cuartos

Caviar

Envolver cada cuarto de tomate con una tira de pimiento verde y una loncha de salmón, todo lo cual fijaremos atravesándolo con un palillo. Estos pinchos se cubrirán de caviar en el momento de ir a consumirlos.

0 comentarios: