Los ecos de los postres memorables todavía me llenan de placer al recordarlos. Sorbete helado de champagne, hecho en casa el primer verano de mis amores con Sy; rodajas frescas de piña, cortada escasas horas antes, en Jamaica, bañadas de kirsch y flambeadas: nuestro primer viaje juntos. Pasteles de nuez pecana en Georgia, que nos estremecieron de gusto. Helados recubiertos de caramelo, que comemos frente a la chimenea, ahora mismo. 
    El postre ha sido siempre parte de mi repertorio culinario, y procuro que no falte en ninguna comida, aunque sea sencillo, para complementarla. El postre debería ser sinónimo de tentación y seducción y seducir la vista como el paladar de manera que se haga la  boca agua; ha de ser el final hrillante de esa sinfonía que habrá constituido vuestra cena afrodisíaca. 
   Los postres emiten un mensaje espiritual, una nota que prepara el ambiente para las alegrías incesantes que os esperan. Dan esplendor a la tiesta amorosa y aguijonean la libido de impaciencia.

   Si os preocupan las calorías, y estáis tratando de disminuiros a vosotros mismos por medio de una dieta, no dejéis que os torturen los remordimientos mientras alzáis la cucharilla. La solución es bien fácil: tomad una porción algo más pequeña. Los postres tomados a la hora de la seducción se rehajan fácilmente,el ritmo de los muelles del somier.

Sorbete de champagne 

   En la Galia, los francos siguieron pronto los extravagantes ejemplos de lujo que les presentaban los romanos. Devoraban sus manjares en la cama, o sobre canapés instalados en grandes salas. Cada banquete era una orgía, ambientada bajo emparrados de flores fragantes. Pisaban alfombras de flores naturales, como lirios plateados y amapolas rojas. Y el sorbete de champagne debió ser un postre obligado. 

3/4 de litro de almibar 
1 naranja entera, cortada por la mitad
El jugo de cuatro naranjas 
1 clara de huevo batida
Una botella de champagne 
El jugo de un limón y medio

   Mézclese la mitad del champagne con todos los demás. Pásese por el colador, y añádase la otra mitad del champagne. Poner en el congelador, y cuando e¿té a punto de helarse,  añadir una clara de huevo batida, remover y enfriar de nuevo.

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